La luces se apagan, las conversaciones se cortan de golpe, se acentúa el ruido ambiental, casi instrumental, de los hielos en las bebidas, las palomitas saliendo de la bolsa de estraza, y la pantalla acoplándose al formato de cine. Estamos a punto de ver la culminación de un sueño que se persiguió por más de 50 años, a punto de ver la capilla Sixtina de Guillermo del Toro: ‘Frankenstein’.
Lo que viene después es uno de los poemas más honestos y hermosos que se han dado al cine sobre la humanidad. 2 horas y 29 minutos en donde se desdibujan las líneas entre lo monstruoso y lo humano, entre la inteligencia y la soberbia, entre la sensatez y la locura.

Un ‘Frankenstein’ como nunca lo habíamos visto
«Frankenstein» no es una adaptación del libro que Mary Shelley publicó de manera anónima en 1818; es un hermoso baile en donde Del Toro mueve con fluidez y elegancia su arte más personal usando como base la esencia de esta historia.
Un Dr. que quiso desafiar a Dios convirtiéndose en creador de un ‘algo’ hecho de partes de cadáveres, impulsado por una corriente eléctrica que puso a latir su corazón. Una criatura que fue abandonada cuando su creador rechazó la responsabilidad de presentarle al mundo, y se negó a aceptar que no había creado ‘algo’, sino a ‘alguien’. ¿Un monstruo?

Tal como si el libro de los 80s hubiera estado esperando todo este tiempo para ser leído bajo la mirada, creencias, luz y oscuridad del director tapatío. ‘Frankenstein’ se siente más vivo que nunca, más clásico que antes y más profundo que nunca.
«He vivido con la creación de Mary Shelley toda la vida. Para mí es la Biblia, pero quería crear algo propio, contar la historia en un tono diferente, con una emoción distinta», explica Del Toro.
Para el director esta también es la cinta en donde ve materializadas todas esas creencias, percepciones y emociones de la relación como hijo con sus padres, principalmente con su papá, con quién explica tuvo una profunda y sincera conversación antes de que falleciera, y fue esta plática la que le hizo saber que estaba listo para al fin llevar esta historia a la pantalla grande.

Una historia de familia y de perdón
La película, que ya se encuentra en algunas salas de cine en México y llegará a Netflix el próximo 7 de noviembre, refleja en su personaje principal (Jacob Elordi), las preguntas existenciales que todos hemos tenido al menos una vez en la vida, ¿cuál es su propósito?, ¿por qué está ahí?, ¿qué debe hacer con su vida?
Y en el camino, hace un ensayo de lo que es la humanidad, de lo que nos hace ser humanos, no sólo como especie, sino como seres con un alma curiosa, inteligente y con inclinación a la bondad. En su contraparte, nos muestra también lo que es ser un monstruo y la manera en la que la sombra de la oscuridad cubre todo lo que los rodea por altanería, egocentrismo, soberbia, orgullo e ira.

Como es característico de Del Toro, el monstruo no es quien más lo aparenta, y aunque quienes seguimos al director lo sabemos de antemano, es un deleite ver cada secuencia que va desenmascarando al verdadero monstruo y su nivel de monstruosidad. Sobre todo en esta historia en particular, en donde los protagonistas son creador y criatura, padre e hijo.
Con una relación tan importante como esta, a diferencia de otras cintas, aquí el perdón es un tema fundamental, aunque para nada fácil.
«Perdonar es también perdonarte. Y uno recibe lo que da.» explicó Del Toro.

La estética de un sueño
En ‘Frankenstein’ podemos ver un guiño de toda la filmografía de Guillermo, aunque en realidad, fue en cada una de las películas anteriores en donde pudimos ver un poco de ésta. Fue una cocción lenta, pero segura y certera.
Con Dan Laustsen detrás de la cámara y Alexandre Desplat a cargo de la música, esta cinta original de Netflix es exquisita al ojo y logra tocar hasta la fibra más profunda llevando el alma de la historia en cada composición musical.

El diseño de producción a cargo de Tamara Deverell crea un mundo extraordinario, casi onírico con cada decisión de iluminación y encuadre con el que se plasmó en la pantalla. Detalles que hablan, profundidad, texturas, casi se puede sentir la temperatura y el aroma de cada uno de los lugares que se muestran.
Con colores contrastantes en donde el rojo, el azul y el verde se destacan, el vestuario a cargo de Kate Hawley hace que no quieras dejar de verlo, pues en sus siluetas, la caída de las telas o la rigidez de los cortes, a un nivel subconsciente nos describe el carácter de cada uno de los personajes. Mención especial a los atuendos de Elizabeth Harlander, que se complementan con joyas de archivo de Tiffanny and Co., tan preciadas que incluso algunas nunca antes se habían usado. La elegancia con las que Mia Goth las lleva definitivamente hace parecer que fueron hechas para ella.

Un elenco sin ‘peros’
Pocas son las películas que logran acertar tan bien en tantos campos, que resulta difícil decidir cuál sobresale más. En ‘Frankenstein’ todos los aspectos técnicos se hacen honor el uno al otro gracias a su nivel de calidad y sobre todo, de empatía y sensibilidad con la historia.
Pero definitivamente todos estos aspectos no habrían podido destacar de la misma manera, si sus portadores no hubieran hecho uno de los mejores trabajos que han logrado en sus filmografías.

Desde el experimentado Christoph Waltz, quien nos ofrece un Henrich Harlander que va del control y la elegancia a la desesperación casi esquizofrénica; pasando por el galardonado Oscar Isaac como el Dr. Víctor Frankenstein, quien nos transmite la asfixia de quien siente el fracaso de su más grande experimente y se desenmascara ante nuestros ojos como el monstruo que quizá siempre ha sido, hasta la delicadez y alineación que proyecta Mia Goth como Elizabeth Lavenza.
Incluso David Bradley, quien aparece sólo en una parte de la cinta, interpreta a un personaje que permanece en la memoria.

Pero, sin duda alguna, merece la pena hacer una mención especial a Jacob Elordi como la Criatura, quien ofrece una actuación tan inesperada como brillante. Cada movimiento desequilibrado, el caminar pesado, la forma de habitar el cuerpo de alguien que fue creado en un laboratorio… definitivamente nos hace olvidar que Jacob se encuentra debajo de los más de 42 prostéticos que se usaron para convertirlo en este personaje. Nos quedamos sólo con la creatura, con este ser atormentado que intenta encontrar su lugar en el mundo.

Elordi lleva su capacidad actoral a un nuevo nivel jamás visto anteriormente en su carrera y que definitivamente pasará a la historia. El actor de 28 años se ha ganado con creces el derecho a ser considerado como uno de los mejores actores de su época, dejando en claro que la su fama es consistente y no sólo la consecuencia de una cara bonita. Jacob se merece el aplauso del pie, así como Del Toro, el capitán de este barco que a través de su forma de percibir y relacionarse con el mundo, ha logrado sacar lo mejor de cada miembro de su crew y cast.

‘Frankenstein’ no es una cinta de terror, pero sí un bello poema gótico que le regala Guillermo del Toro al cine. Eso sí, con un toque de body horror y la atmósfera de un cuento de hadas.




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